Opinión

Subir impuestos y bajar la moral

Los españoles tenemos fama en el mundo, y mayormente entre los turistas, de ser un pueblo saleroso, ocurrente y juerguista. Desde tiempo inmemorial, las tres gracias del españolito de a pie han sido el alcohol, el tabaco y la gasolina. Claro que esto fue sólo hasta Francisco Franco Bahamonde, que encareció los productos buenos o dispersó los malos aunque luego, y según cuentan los coetáneos del dictador, se olvidaba de cobrar los impuestos y siempre sobraba un duro del jornal.

A renglón seguido llega la democracia y se implanta eso del impuesto recio, que encima hay que rellenar muchos impresos de propia mano para que te controlen la ortografía y te cobren, con firmeza y constancia, un sobreimpuesto trimestral o como demonios sea. Porque Franco es la prehistoria, lo anterior a los impuestos, que son la democracia y la estafa de la Administración.

Ahora, bajo el yugo de Pedro Sánchez, ya estamos otra vez con la guerra de los impuestos, que es la peor guerra civil de los españoles. No se trata sólo de que el currante nacional se despoje de su santísima trinidad de taberna, vino, nicotina y fin de semana. Se trata, más bien, de intentar afear al PP. Hay que frustrar la gestión hecha por los populares, y para eso, lo mejor es subir la vida, subir los impuestos y bajar la moral. En esta ardua tarea andamos.

Todo esto ha sido por sorpresa, como si lo hubiera inventado Joaquim Torra, ese señor que viene a Madrid de Pascuas a Ramos, hablando catalán y repartiendo planes para moler España. Con este socialismo de  chascarrillo y pandereta hay que dejar el cubata, olvidar la nicotina y conducir por su sitio, que la señora Carmena va a poner parquímetros hasta en el comedor. Todo lo que se le ha ocurrido al Presidente Sánchez, mientras colocaba a su señora en el Instituto de Empresa para dirigir el Centro para África y escarbaba en el Valle de los Caídos, ha sido brear al pueblo vaticinando nuevos impuestos.

Pedro Sánchez y su tropa están haciendo el socialismo menos socialista desde Don Pablo Iglesias, que gastaba lo justo en vino, habanos y caballos de tracción en las fuentes carolinas de Madrid. Sólo se puede escribir bien contra el Gobierno porque siempre es el culpable y además responsable de todo lo bueno que no hace.

@marisaarcas

Por Marisa Arcas

31 agosto, 2018

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