Opinión

Los legitimistas de la siesta

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Los españoles somos así, cada día cambiamos de hábito, rutina, usanzas, gustos, aficiones y vicios, pero nunca hemos cambiado la receta de la siesta. En España, las cosas tienen dos modelos de realidad. Hay una realidad relativa y mudable, que es lo nacional, y hay una realidad de pueblo, auténtica, perdurable y convencida, que es la siesta.

Así como para dormir sólo hace falta una cosa, sueño, para echarse una  siesta de tres pares de narices sólo hace falta otra cosa: calor. Ahora que estamos viviendo el verano más acalorado de la Tierra, y encima con el vaporcillo de las barbacoas, que son una festín, la gente aprovecha para echarse unas siestas de campeonato. Porque la siesta debe ser así, con mucho calor. Una siesta bien sudada te deja ligero de cuerpo y esbelto de alma.

En España somos los legitimistas de la siesta, aunque la siesta también se duerme en otros países, pero sin tanto convencimiento como aquí. Y una siesta sin sudor es como un jardín sin flores. Vemos cómo cae Europa en las manos doradas de Oriente, y es porque los orientales también duermen la siesta y, a media tarde, se lanzan a conquistar la otra media.

Con la siesta acabó la refrigeración. Una siesta española es en calzoncillos, un abanico como el de la novia de Reverte y un ventilador como los que salían en Casablanca, que no sé si es la mejor película del mundo, pero es la que saca más ventiladores. Los curritos trabajan por las mañanas y luego se pegan una siesta mundial, generalmente viendo Carmencita Calvo en las noticias, pues el telediario son los sueños de la siesta, y una siesta sin sueño es casi como la muerte, una cosa gélida, inerte y catarral.

Es cuando nos levantamos de la siesta diciéndole a la tropa: Pues yo creo que esta tarde me he cogido en la siesta un lumbago que me va a estropear la fiesta, y mayormente la oficina. Con un lumbago puedes bailar como Jennifer López, pero con un lumbago no puedes rellenar un impreso. Mientras estamos acantonados en la siesta, siguen llegando pateras a nuestras costas, gracias a Pedro Sánchez y su política de populismo de saldo. La siesta es eso, un alto en la guerra civil que revivimos los españoles y que a veces, más que siesta es un letargo.

Por Marisa Arcas

@marisaarcas

5 agosto, 2018

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