Opinión

Donald Trump y el caos


Donald Trump no para en su afición por las guerras comerciales, es un completo caos. Son malas noticias. Solamente (por ser algo optimista) hay una cosa que me hace ver una pequeñísima luz al fondo del túnel: lo que Trump está haciendo con Europa, es lo mismo que Europa hace con EEUU desde hace ya mucho tiempo. Trump ha elevado los aranceles al mismo nivel que los europeos.

Quizás, si los europeos fuéramos inteligentes, el paso adelante debería ser proponer desarmar arancelariamente también a Europa. Teniendo en cuenta además que los aranceles, no son la primera medida defensiva de Europa. Hay millones de cosas que no son aranceles: regulaciones, requisitos sanitarios… pero en definitiva Trump está haciendo hacia Europa lo mismo que Europa hace con los EEUU. Es un grave error y Trump lo está empeorando. Alguien debería volver al sentido común.

Vivimos unos tiempos que no son buenos para la lírica, pero tampoco para el libre comercio.  Sin llegar a las barreras y obstáculos que se produjeron en otras grandes crisis anteriores, ahora que estamos saliendo de la actual, tenemos abiertos problemas de EEUU, Europa, China, dentro de Europa incluso tenemos el lío del Brexit y otras cosas que se están planteando y poniendo encima de la mesa: Austria, Italia… hay una serie de países que cada vez quieren más nacionalismo y menos europeísmo. Eso no son buenos tiempos.

En general detrás de todas estas ideas de bueno, que no hagan todo esto los demás, yo impido a los demás que lo hagan y lo hago yo en el país, hay un enorme error de visión de los políticos, de los productores que evidentemente están beneficiados por esas medidas y piden a los políticos que las impongan. Todas son visiones simplificadoras de lo que es el hecho económico y la realidad econmica. La realidad económica es muy compleja porque la gente es muy diversa y compleja. Esto de construir Volkswagen o Audis no surge de la noche a la mañana.

Todo esto debería ser una buena oportunidad para que la gente aquí, a este lado del mar, se pusiera a pensar la razón por la cual nosotros hacemos lo mismo. Por ejemplo,  si alguien dice usted no puede vender las aceitunas andaluzas en California, quizás los españoles deberíamos preguntar ¿Y las aceitunas tunecinas o marroquíes por qué no se pueden vender en España si son tan ricas? ¿Qué es lo que las para? ¿Por qué impedimos que se importen productos agrarios a Europa y nos quejamos cuando otros países ponen barreras a nuestras exportaciones? Ese tipo de reflexión de todos, nos llevaría a la conclusión de que sería bueno desproteger nuestra agricultura en beneficio de todos. Bueno, algunos perderían privilegios, pero lo que ganaríamos todos los demás sería muchísimo más de lo que perderían los otros. Nos beneficiaríamos todos.  Además, es que se saca dinero del bolsillo de todos los contribuyentes europeos aunque no sean consumidores de aceitunas para mejorar los costes y traspasarlo a unos señores que tendrían que vender las aceitunas dados los costes de producción a un precio que no les resulta competitivo. Pero oiga, a lo mejor hay otras fórmulas de vender su producto, aunque sea más costoso ¿O qué pasa que los Mercedes no se venden porque son muy caros y solo se venden Fiat?  No. Se vende todo. El consumidor es muy complejo y demanda cosas variadísimas y complejísimas ¡Hay que saber vender!

El problema es que realmente la posición de los políticos y de los productores es: facilítenme las cosas, que yo lo hago para que la gente consuma ¡Error! Es: la gente quiere cosas. Busque usted sus intereses, sus gustos, sus preferencias, anímele a encontrar -dentro de esa mente que usted tiene- el gusto por algo.  El señor del Siglo XVII no sabía que tenía un gusto y una apetencia por la Coca Cola como la ha tenido la humanidad entera en los siglos XIX-XX-XXI. No lo sabían en el XVII. Y no sabemos qué pasará en el Siglo XXIII. Eso es de lo que se trata. Es que da la casualidad que la gente quiere ese líquido tan maravilloso.

Sé que esto de liberalizar sectores, choca con la relación que existe entre el político como vendedor de favores y aquel que es objeto de la protección. El que es objeto de la protección, los empresarios, si pueden ordeñan al gobierno. A los empresarios no les gusta competir, les gusta la protección, tener un monopolio. Se trata de lo siguiente: ¿Qué tipo de armazón institucional es el más proclive a que fallen los intentos de exprimir al gobierno? Y eso es de lo que tenemos que ocuparnos. Hay determinados aspectos de la labor y de la producción del político, que sí son muy beneficiosos para que la sociedad se organice y se pueda desarrollar con un respeto sobre la propiedad privada y los contratos libres. Dentro de esos marcos, el papel del Estado y el político es muy importante para que las sociedades progresen, de hecho lo hemos visto en la historia. Cuando el político se desvía de eso, mal asunto.

Álvaro Lodares (Economista)

 @lodares

2 julio, 2018

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