Opinión

Don Pedro Sánchez, El humilde

El señor Presidente del Gobierno, don Pedro Sánchez, ha dicho que también se puede o se debe gobernar mediante la humildad. Y ahí andan unos cuántos, aplaudiendo sus alardes de bondad y diálogo. Modestamente opino que es todo lo contrario. La humildad sirve para cualquier cosa, entre otras para ganar el cielo, pero no sirve para gobernar, salvo que nos estemos refiriendo a la humildad como estrategia.

El poder y su exhibición, por el contrario, constituye toda la máquina del Gobierno. El poder no es sólo una sucesión de actos poderosos, sino que comporta además una lección de conducta. Al fin y al cabo, a la humildad operante es a lo que llamamos fascismo sin saberlo: una manera bondadosa de eternizar las clases sociales, de someterlas, de fijarlas para siempre.

En esta contradicción vive Pedro Sánchez, que quiere agaritarse en la humildad y se calienta la cabeza con audaces proyectos de Gobierno que no le hacen más socialista, pero sí más avieso. Y no olvidemos que el socialismo supone históricamente una manera de acción limpia, escueta y clara. Ahora el socialismo se ha maculado de liberalismo y ahí ya cabe todo: la mentira elegante, la patraña sin violencia, la putada sonriente y la poesía festiva. Con estos últimos elementos le parece a una que va a gobernar don Pedro Sánchez. Lo de la humildad digo yo que será un recurso retórico para hacer lo que le dé la real gana.

En cualquier caso, don Pedro lleva consigo la humildad. En la sonrisa discontinua, en los ficticios modales y en su predicación del diálogo, que ya no sirve para nada a estas alturas de la película. Están pasando cosas muy raras en España y los españoles estamos comulgando con ruedas de molino. Un señor de derechas, como Mariano Rajoy, ha gobernado a veces como un sindicalista duro, y un señor de izquierdas, como Pedro Sánchez, apunta a que va a dirigir el cotarro como un monje franciscano, mediante la humildad.

España soporta bien el liberalismo como punto de partida para luego hacer otra cosa, pero no traga bien el “aguachirle conyugal”, como decía el poeta de la Generación del 27, Luis Cernuda, de liberalismo y humildad. La humildad de Pedro Sánchez, el que ha llegado a Presidente de la mano de separatistas y etarras, consiste en sonreír perdonadoramente. Los demás, esperamos cualquier cosa.

Por Marisa Arcas

@marisaarcas

11 junio, 2018

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