Cultura y Ocio

Un animado mayo

 

En un tiempo no demasiado lejano, el cine de animación en nuestro país no contaba con festivales que dieran la importancia que se merece a esta técnica –que no género, como tantas veces erróneamente se cataloga– tan antigua como el propio cinematógrafo. Durante muchos años, los profesionales, estudiosos, críticos o simples aficionados se tuvieron que conformar con el sitio que les hacían algunos festivales que, por proximidad temática, acogían con gusto el cine animado, como el antiguo certamen de Gijón (cuando se dedicaba al cine infantil y juvenil) o el de Sitges (por su afinidad con todo lo fantástico). No fue hasta el cambio de siglo en el que surgieron los primeros festivales monográficos, aunque algunos por desgracia sucumbieron víctimas de la crisis económica o de la indiferencia de las instituciones que los sustentaban.

Sin embargo, Animayo de Gran Canaria, nacido hace trece años, ha conseguido resistir el paso del tiempo y, de una manera lenta pero segura, ha ido conquistando un lugar propio en el panorama de los festivales de animación como ha quedado patente en la recién clausurada edición de 2018. Arrancando con una tan original como hilarante ceremonia de inauguración (en la que el propio equipo del festival y los miembros del jurado representaron una especie de sitcom), durante cuatro intensos días se nos ha ofrecido a los asistentes un irresistible menú compuesto por clases magistrales, talleres, proyecciones y exposiciones que no han dejado sin abordar ninguna de las diversas manifestaciones de la animación en la actualidad.

Este año el tema escogido por Damián Perea, el entusiasta director de Animayo, ha sido el de las parejas o tándems artísticos, algo más que habitual en el mundo de la animación. Así, hemos tenido las clases y talleres del veterano animador Raúl García, primer español que pisó el estudio Disney para quedarse a trabajar, y su inseparable esposa Rocío Ayuso, periodista de larga carrera en Hollywood, una pareja que han conseguido levantar proyectos tan interesantes como el largometraje Extraordinary Tales. O de los hermanos Carlos y Jordi Grangel, prestigiosos diseñadores de personajes para la animación que tienen a Dreamworks o Tim Burton entre su distinguida clientela. Carlos Fernández de Vigo y Lorena Ares son otra animada pareja que han transitado por diversas técnicas entre los videojuegos y el cine, al igual que Jaime Maestro y Nadia Ruiz con su estudio La Tribu. Tampoco han faltado a la cita expertos artistas de la animación tradicional, como los portugueses AbiFeijó y Regina Pessoa, así como las intervenciones de ilustres especialistas internacionales en efectos visuales para superproducciones de imagen real.

Pero si en algo destaca Animayo es por su decidida apuesta por atraer a las nuevas generaciones. Es un festival no tanto dedicado a reunir a productores y televisiones para que hagan negocios como para que los más jóvenes interesados en el mundo de la animación, los efectos visuales y los videojuegos, se adentren en ese fascinante mundo audiovisual, conozcan y escuchen a los mejores profesionales de cada especialidad y tal vez descubran que ese puede ser su futuro laboral. La animación disfruta por fin del reconocimiento como arte tantas veces escatimado y sin duda citas como las de Animayo son necesarias y, obviamente, muy animantes.

Cruz Delgado Sánchez

Profesor de Historia del Cine de Animación

 

14 mayo, 2018

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