Opinión

Simeone: Gracias por todo, pero adiós

Como forofo antiquísimo del “Aleti”, probablemente de los más antiguos en razón de mi edad, es la tercera vez en tres temporadas que me permito dirigirme, a través de estas amables líneas, al entrenador del Atlético de Madrid intentando hacerle ver que su ciclo en el Club, brillante en el despertar de demasiados años en la oscura mediocridad, ha terminado y que debe dejar paso a otro profesional que insufle novedad. Acaba de terminar hace unos minutos el partido vergonzosamente perdido y peor jugado con el Español (me niego a escribir Espanyiol en catalán) el domingo 6 de Mayo, cuando precisamente tenía a la mano el asegurarse casi definitivamente el subcampeonato de Liga, que ahora, casi seguramente también, perderá a manos y pies del Real Madrid; lo que más nos podría herir a los seguidores rojiblancos.

La “ferocidad” de carácter de Simeone y su obsesión por el futbol ultradefensivo hace tiempo que ya no funciona en nuestro “Aleti”, entre otras cosas porque se trata de un fútbol pobre y todos creíamos que el Atlético de Madrid de hoy es/era uno de los grandes y no uno de los pobres/pequeños que, por otra parte, se han aprendido casi todos el “Simeonismo heróico” contra los que precisamente viene este Atlético haciendo el ridículo repetidamente y muchas más veces aún al borde de hacerlo con tanto resultado agónico. Que agónico fue el reciente encuentro de la Europa Liguae, en Londres y frente al Arsenal.Dado el comportamiento histérico del preparador rojiblanco tras la expulsión de uno de los suyos al comienzo de ese partido, a nadie hubiera extrañado que hubiera terminado de forma desastrosa y que no ocurrió así por el tantas veces repetido “milagro Griesman”.

Ya está bien, señor Simeone, de tanto buen resultado angustioso y de una relación con el vestuario que en poco o nada se parece a la “resurrecta” de sus primeros tiempos en el “Aleti” y que tiene por símbolo precisamente al magnífico delantero francés, líder indiscutible de los jugadores europeos que de forma descarada gustan menos que los sudamericanos al ya caducado preparador rojiblanco, grite lo que grite y se excite lo que se excite, ya fuera de lugar, como el episodio que le ha conducido a “ganarse” una sanción que le impedirá dirigir al equipo en la final europea a la que milagrosamente ha llegado, con el consiguiente perjuicio.

Todo ello no quiere decir que vayamos a olvidar y a no agradecer para siempre lo que fue capaz de hacer desde su llegada con un mísero “Aleti”, hundido en demasiados años de mediocridad que incluso le condujo a militar en la segunda división. Pero eso no quiere decir que hayamos de callar el fracaso continuado que supone la interminable sucesión de “buenos resultados angustiosos”. Queremos a un Atlético grande y entre los grandes Real Madrid y Barcelona y no sólo cuantitativamente sino cualitativamente también, que han sido los números los que nos han equiparado a esos dos gigantes las últimas temporadas, pero no la clase y el buen fútbol. De modo que, respetadísimo señor Simeone, muchas gracias por todo pero tras un adiós ya necesario.

Manuel Monzon
7 mayo, 2018

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