Opinión

Los espectros que asustan a España

Tres espectros cabalgan por nuestras latitudes a rienda suelta. Estos tres fantasmas atemorizan a los españoles de a píe con más bizarría y bravura que los radicales del Estado Islámico. Estos tres espíritus nos pillan muy de cerca y pese a su entidad fantasmal son de verdad y de números. Ya imaginan que hablo de las pensiones laborales, de la soledad de los años y de la salud de los nuestros mayores.

Las pensiones laborales crecen muy poco o van a menos, y nunca alcanzan la carestía de la vida. Aquí en España, o eres una joven revelación cantarina de Operación Triunfo o eres una anciana fantasma que comparte nostálgias y abandono con el gato en un piso de renta antigua, cuando ya una va teniendo también un corazón de renta antigua. La soledad de los años es otro contradiós social que aquí no afronta ni adecenta ningún Gobierno por falta de agallas y sensibilidad. Estas son las pequeñas tragedias de la vida vulgar que afligen a nuestros solitarios y solitarias, generalmente senectos.

Pero tales cosas no las denuncia ni airea el adonis de turno con su camiseta de rojo progre. La intelectualidad de medio pelo y los famosos de tercera regional sólo denuncian las agonías lejanas y así acallan su débil conciencia. El tercer naipe zaíno y fantasmagórico de la brisca popular es la salud de los del seguro, que no ha mejorado mucho con esta democracia cristiana que nos gobierna y que aquí hemos llamado centro derecha, como si fuera un entresuelo. Hay en las finanzas una tendencia a privatizar la salud, o sea a suprimirla, y contra eso tampoco se yergue ninguna actricilla de pechugas siliconadas y sobrecarga muscular en el endometrio.

Pensiones de gato en España, soledades de renta antigua en el Madrid de la señora Carmena, salud quebrada y mal atendida entre nuestros grandes cómicos, que suelen tener un final vacío y solitario. Estos males se perpetúan a plazo fijo con socialistas y populares, pero los actores millonarios, que tributan fuera de nuestras fronteras, no se ponen ninguna camiseta reivindicativa y acusatoria. Nos olvidamos del hermano, del colega que se extingue entre tejados, pero clamamos por ese desconocido muchas veces fanático, suicida y fatal que vota a su tirano en un cien por cien, sin una sola parturienta primeriza que se abstenga ese día de votar.

Por Marisa Arcas

@marisaarcas

5 marzo, 2018

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