Opinión

CERCA DE FRANCO

Como oficial del Regimiento de su Guardia en una etapa de mi vida les pido me permitan relatar con humor algunas anécdotas de este hombre excepcionalmente conciso, lacónico y escueto, aparte de otras virtudes, como el valor y la honradez que nadie se ha atrevido a discutirle.

Cuando hice mi primera guardia y aún no había visto de cerca al Caudillo estaba yo un tanto nervioso y tenía formada la guardia minutos antes de la hora prevista para que él compareciera camino de su despacho. Pero he aquí que quien bajó primero fue su esposa, Doña Carmen Polo, y como señal de cortesía mandé firmes y la salude. Solamente un minuto después apareció él y cuando le saludé me espetó: “Teniente, mi mujer no tiene honores militares”.

Dado su comportamiento tras el 18 de Julio, que la Iglesia Católica calificó de liderazgo de una Cruzada, transcurría austera y sencillamente su vida diaria cuando el Capellán de la Casa, Monseñor Boulart, recordando que cualquier católico puede ser investido con el capelo cardenalicio sin necesidad de pertenecer al clero, decidió proponer que tal honor fuera conferido al Caudillo. Cuando se lo hicieron saber a él su respuesta fue humorísticamente concisa, dijo: “Mejor que no, la ropa talar no me iría bien”.

Entre las cualidades del personaje estaba sin duda el realismo. Con motivo de una cacería, deporte al que era tan aficionado, ya tenía edad  avanzada y se retiro pronto al Parador de la Arruzafa, y tras él le siguió toda la asistencia pues más que a cazar  quienes acudían lo hacían para estar cerca de él. Pronto se comenzó a conversar animadamente  y el tema elegido fue el del heroísmo  y la grandeza en la hora de la muerte, pronunciándose casi todos los que hablaban de forma grandilocuente y exagerada. Algo nervioso el Almirante Nieto Antúnez le dio entrada, diciendo: “¿no nos va a dar su opinión, Excelencia , sobre lo que hablamos?”. Y surgió la vocecilla de Franco en estos términos: ” Si voy relatarles un sucedido en la retirada de Xauen, en la campaña africana, protagonizada por la Bandera del Tercio que yo mandaba. En tal situación ordené a uno de mis oficiales, el Alférez San Jose, que aguantara en su blocao hasta que acabara la operación y que se le retiraría en último lugar. Pero vicisitudes propias del combate hicieron imposible el contacto con él y así se le comunicó y… ¿saben ustedes lo que me contestó?  – gran expectación entre la audiencia esperando una frase grandilocuente -: “muero cagándome en España que sólo pare hijos de puta incapaces de venir a salvarme “. Y añadió el Caudillo: “los hombres mueren cumpliendo con su deber, pero contentos no; ni dando vivas a ésto o lo otro”. Y aún añadió: “al día siguiente le propuse para la Laureada”. Clara lección de realismo.

Con motivo del desembarco de Alhucemas, el General Dictador Primo de Rivera decidió desplazarse al Protectorado para sondear la opinión de los Jefes de Unidad sobre la conveniencia de tal difícil operación. Una vez reunidos Primo de Rivera no dejó de advertir que todo lo que estaba preparado para almorzar después eran platos de huevos en todas sus formas. Extrañado requirió al General Sanjurjo preguntándole si es que tenían dificultades de abastecimiento y no tenían otra cosa. En ese momento surgió la vocecilla de Franco diciendo lo siguiente: “es que, mi General, si no se desembarca en Alhucemas los huevos nos van a sobrar a todos”. Primo de Rivera naturalmente se cabreó y quiso arrestar al atrevido jefe de la Legión, aunque Sanjurjo se ocupó de que la anécdota no llegara a más.

Creo que lo que he relatado, y otras muchas que podría añadir, retratan suficientemente a este gran soldado conciso, lacónico y heróico como dije al principio. La persona con menos cuento que he tenido oportunidad de conocer.

Manuel Monzón 

5 febrero, 2018

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