Opinión

Por qué, como joven abogada, estoy con Alonso

Llegar lejos es una banalización de hoy en día que nos hace pensar en currículos de 10 hojas, trajes, maletines, sonrisas candentes y ascensos profesionales. Y quizás allí radica el hecho de que olvidamos que detrás del éxito profesional hay todo un proceso  que es el menos reconocido pero el que más mérito tiene. Por eso llegar lejos es un proceso profesional, académico pero sobre todo personal. Escuchar a cuatro mujeres trabajadoras de diferentes ámbitos del sector  jurídico me hizo recuestionarme todas mis aspiraciones profesionales. Vi en cuestión de minutos reducidos mis sueños de joven estudiante de derecho en preguntas sobre un futuro de trabajo, sacrificio y sobre todo entrega para poder conciliar una vida laboral y una vida familiar digna.

Sentí admiración y miedo, mucho miedo. Me asusta, y creo que no sólo a mí, no porque dude de mis capacidades intelectuales, profesional o académicamente, ni porque tema a la competitividad, sino porque la fortaleza emocional que implica saber que el mundo no está preparado para hacerme la vida fácil en el momento en que pretenda ser madre y abogada es todo un dilema. Decía Begoña Castro, candidata a Diputada de la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, “ser madre y abogada ha sido un proceso muy complicado, por la falta de adecuación de mi vida laboral a mi vida privada. Mi hija pequeña nació con varias alergias y una de ellas la imposibilitaba para tomar leche que no fuese materna. Tuve por lo tanto que darle el pecho durante mucho tiempo y recuerdo aún que me traían a la niña en coche hasta comisaría y yo salía a amamantarla y volvía a entrar para continuar trabajando. Era un situación muy dura, por un lado el bienestar y la vida de mi hija y por otro lado mi trabajo”.

Es  obvio que a lo largo de la  historia han sido las mujeres las que se han visto con el dilema de escoger entre sus vidas familiares o sus vidas profesionales. Y una renuncia implica no aceptar puestos de mayor responsabilidad por falta de tiempo, y disponibilidad física en un determinado lugar. O dejar el trabajo porque quieres dedicarte a tus hijos y darles la atención que consideras imprescindible para su crecimiento completo y que ves que no alcanzas dado lo que te exige tu trabajo. Ángela Cerrillos lo describe así: “se nos ha educado también para pensar en todos antes que en nosotras. Por eso todos los hombres a los que se les propone puesto de mayor responsabilidad no se lo piensan y aceptan de inmediato, sin embargo la mayoría de las mujeres adelantan sus demás responsabilidades  y por lo tanto asimilan de otra manera un ascenso profesional”.

Muchas mujeres se han sentido entre la espada y la pared, o han tenido la sensación de no poder equilibrar sus vidas para dedicarse en la misma medida a  sus vidas profesionales y familiares. El mundo de la abogacía es uno de los sectores en los que más se puede observar esta falta de flexibilidad. Se las obliga a escoger, a tomar una decisión. Y es ahí donde son pioneras todas aquellas  que consideran que no hay ningún tipo de decisión que deba ser impuesta. Que el sistema deba estar configurado para comprender la condición de madres y profesionales simultáneamente es un punto imprescindible. La lucha debe radicar en que no tiene que dejar de existir ninguna de las dos condiciones para que la otra de todo su fruto. Ambas deben ser un engranaje que se complemente  dado que no hay renuncia que deba considerarse obvia sólo por el género que la ejerce.

Para promover estos cambios dice Mabel Zapata a modo de consejo “A las jóvenes abogadas les diría que es muy importante la persona con la que vayan a compartir su vida porque la corresponsabilidad es imprescindible. Ambos, tanto el hombre como mujer deben hacer el mismo sacrificio.” Y con ello explica también de qué manera “La baja por maternidad es imprescindible, y debe ser tanto para hombres como para mujeres. Me sorprendió en Dinamarca ver tantos hombres en los parques con sus hijos sin estar acompañados por sus parejas, así debería ser también la sociedad española. Se debe ver normal que tanto padres como madres actúen a la par y con el mismo tipo de responsabilidad con respecto a sus vidas familiares”.

El conceder la baja por maternidad tanto a las mujeres como a los hombres es la base para promover la igualdad en términos laborales y concesiones familiares de todas las personas que constituyen nuestra sociedad. Sólo equilibrando la balanza de responsabilidades con leyes que fomenten una vida familiar digna, no sólo en la teoría sino también en la práctica, en una profesión como es la abogacía se puede lograr acabar con la sensación de estar obligadas a escoger. Esa sensación que tantas madres de familia y trabajadoras tienen. Y por otro lado acabar con  la falta de consideración hacia los hombres,  padres que consideran necesario que se tome en cuenta que ellos le deben un papel de corresponsabilidad muy importante a sus parejas y que ven la crianza de los hijos y las responsabilidades familiares una cosa de dos.

Decía en dicho desayuno jurídico Lola Carrillo: “si tuviera que volver atrás, volvería a estudiar lo mismo. La abogacía es un trabajo muy noble,  no hay nada tan importante como poder ayudar a las personas”. Y yo me digo, no hay nada tan imprescindible como ayudar a quienes ayudan, y a quienes defienden todos los días la justicia. Garantizando que se cumplan los derechos y que no se quebranten las libertades de los ciudadanos. La abogacía no es sino una de las profesiones más humanas y el sistema que la orienta debe partir de que la constituyen humanos y humanas que tienen el pleno derecho a tener una vida profesional y familiar dignas y no tener que escoger entre ninguna de las dos”.

El proyecto que apoyan estas candidatas a diputadas del Colegio de abogados de Madrid, es eso, un proyecto humano, que  busca que se dignifique la profesión y que prevalezca y crezca en valores de igualdad, transparencia, humildad, y compromiso con todos los sectores y sobre todo con los jóvenes. Con el fin de enmendar todos los errores previamente sufridos, estas brillantes mujeres y todo el proyecto de la candidatura de José María Alonso hacen hoy por hoy un trabajo de escucha hacia los jóvenes ejemplar. Logrando que la admiración hacia cada uno de sus recorridos prevalezca y el miedo se convierta en fe, la fe en que la abogacía madrileña será todo un ejemplo.

La esperanza de que podré ser una muy buena madre y una muy buena abogada.  Y que todas las mujeres y todos los hombres que nos dediquemos a la abogacía,  podremos decir hasta el último de nuestros días que volveríamos a ser abogados y que sobretodo aconsejaríamos a todos los jóvenes a los que les apasione el derecho que lo fueran.

Noor Ammar Lamarty

26 noviembre, 2017

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sobre nosotros

MurciaCode. Tu periódico de Murcia.

AVISO LEGAL: La empresa editora no se hace responsable de las opiniones vertidas en los artículos por los colaboradores.